Todas las historias tienen un comienzo y un final. La historia de hoy es real, como todas las de este blog escrito con afán de 'memorándum' y 'entertainment'.
Una vez más durmimos Carla y yo en la tienda pequeña y los chicos en la otra. Lo bueno de dormir en casa es que no hay nadie a tu lado incordiando con los pies, que si ahora ronco, que si ahora hablo, que si me levanto, que si estate quieta, la noche que pasé fue toda una delicia. No escuché a nadie ni hablar ni roncar, lo único que se escuchaba eran mis vértebras crujir cada vez que hacía un movimiento. Cuando me levanté por la mañana mis vértebras habían dejado de crujir, directamente se pusieron a llorar a lágrima batiente (háganse la idea de que las vértebras no lloran).
Mi visión de recién levantada una vez salí de la tienda no fue gran cosa comparada con el follón que liamos Carla y yo para salir de susodicha. La cuestión es que necesitábamos llegar al baño corriendo (nos estábamos orinando encima, manera elegante para evitar la palabra m.....r) cuando nuestra sorpresa fue que en la cerradura de la tienda, en la mosquitera (las tiendas tienen dos cierres, el de la mosquitera y el impermeable) estaba preparada para darnos los buenos días una araña gigante de rayas, una monstruosidad (bien, teníamos los ojos entornados por el sueño y nuestras perspectivas de tamaño estaban distorsionadas, una vez más, por favor, hagan el favor de no mal pensar).
Félix, nuestro fiel amigo además de un gran cantante y bailarín, (esto último ironía) nos salvó de la diabólica araña (más si cabe que el segurata del campamento, ya es decir con la jodida araña) con sus pantuflas de campamento. Nos dispusimos viento en popa a toda vela para lo que iba a ser una fructífera mañana para unos más que para otros.
Esa mañana nos tocó a Carla, Félix y a mí ir a comprar al pueblo provisiones para subsistir hasta el momento de nuestra partida. Evidentemente, antes desayunamos y seguidamente nos dimos un par o tres de chapuzones (más que chapuzones fueron largos de buceo para evitar tragar agua innecesaria y sí, me he dado cuenta de que he repetido la palabra chapuzones, qué narices, chapuzones, chapuzones, chapuzones, chapuzones, chapuzones, chapuzones, ahora sí, me he quedado muy a gusto).
La fotografía adjunta es la piscina del cámping Pirinenc, donde estuvimos alojados.
Cuando emprendimos la marcha hacia el pueblo tuvimos que coger una mochila (la de Félix, previamente vaciada, la de Carla y mía parecía contener una vida entera, no sin antes discusión) y mi gorrito de pescar por supuesto no lo iba a dejar en manos de los chicos.
Si en un cámping vuestros compañeros os dicen llenad la cantimploras, creedme, llenadlas hasta que rebosen a no ser que queráis morir deshidratados como casi nos sucede (bueno, quizás exagero pero un kilómetro caminando hacia el pueblo es una ardua tarea, bueno, nos llevó un chico amable en el coche pero igualmente la vuelta fue desesperante y encima íbamos cargados como burros).
La tarea de encontrar el único jodido supermercado existente a 20 km a la redonda parece estúpida y simple pero una vez eres tú el que lo busca (créanme, hubiese sido más fácil ver a un ángel que encontrar el supermercado a la primera) la cosa se pone chunga. Al entrar en el tan deseado supermercado por no mencionar fresquito y lleno a rebosar de comida por todas partes, iniciamos nuestra compra. Productos varios entre los cuales se encontraba una botella grande y fría de agua que bebimos como si no hubiera mañana (bajo el Sol de julio es un suplicio no tener agua al alcance).
Nos tocó regresar al cámping Pirinenc caminando, turnándonos con la mochila llena hasta reventar con nuestras provisiones. Cuando pasaron los segundos, minutos y me atrevería a decir hasta casi una hora llegamos al cáming (Carla debió llevar un petardo en el culo pues la marcha que llevaba no osaría emprenderla ni el mismísimo Correcaminos, tan rápida iba que Félix y yo íbamos caminando sobre el cemento en llamas ocasionado por su velocidad).
No fue otra la sensación al llegar que la alegría, el cansancio y un hambre atroz. Nos esperaban unos famélicos compañeros con sus estómagos a la par. Antes de hacer la comida nos dimos un bañito para refrescar nuestras definidas siluetas (definidas con michelines españoles cuyas medidas son 90-60-revienta).
Ese día para comer hicimos unos riquísimos macarrones con salsa roquefort (imagínense ustedes en una cazuela grande y hermosa, 1,5 kg de macarrones, los que compramos más los que yo llevé en mi mochila por si las moscas rebosando macarrones). Digo que hicimos la comida porque Carla cocinaba, Arnau removía (no sean cochinos malpensados, removía la cazuela) y yo degustaba con unas cuantas carreras huyendo de los gritos de Carla para que no cogiera más (sí, hijos míos, sí, parecía mi madre reencarnada). Mientras unos cocinaban, los otros jugábamos a cartas en el coqueto porche del bungalow vacío que flanqueaba nuestra zona de tiendas de campaña (flanqueaba = estaba al lado).
La comida estuvo realmente exquisita y minutos más tardes llegó la tan esperada HORA DE LAS MÁRFAGAS. Queridos lectores, es tal la alegría que me aportáis cuando sabéis lo que es la hora de las márfagas que se me saltan las lágrimas frente a la pantalla de mi Toshiba. No es otro que el momento de dormir la siesta en nuestras esterillas de montaña (llamadas márfagas en catalán, nuestra querida lengua escolar y para algunos materna).
Ahora sí, pasaron los segundos, seguidos de minutos y finalmente seguidos por horas. Bajo los verdes pinos estábamos reposando nuestros llenos estómagos llenados hasta el fin (coño, qué poético me ha quedado).
Nos dimos otro baño en la piscina, esta vez uno detrás de otro, ya se notaba la época vacacional puesto que había bastante gente de carne y hueso. Al finalizar la tarde nos sentamos en la terraza del bar-restaurante del cámping y jugamos a cartas (el juego del cuadrado, muy común, consiste en jugar con una pareja teniendo un código secreto y joderle la jugada a los oponentes).
El momento de la cena fue bastante insulso ya que ninguno de nosotros teníamos demasiada hambre, no recuerdo bien la cena pero estuvo entretenida como todas las otras.
Finalmente, no sin antes rodar colina abajo jugando, llenarnos la chaqueta de olor a césped húmedo y reírnos a carcajadas sin parar, decidimos irnos a hacer nonitos (dormir para los más exigentes, este blog es para todos los niveles culturales con diferentes jergas legibles).
Aquí concluye una vez más nuestro cuarto día en el cámping Pirinenc seguido de una larga y estrellada noche.
viernes, 3 de mayo de 2013
jueves, 2 de mayo de 2013
CÁMPING 'CAMPDEVÀNOL' VERANO 2012 DÍA 3
!!!Buenos días por la mañana excursionistas y pixapins!!! Hoy amanece un precioso y maravilloso día, lástima que haya amanecido hace horas y horas y horas y llevemos toda la mañana durmiendo. El día anterior entre todos acordamos despertarnos temprano (8:00-9:00) y salir a las 10:00 AM por la puerta imaginaria del cámping destino a la aventura. La triste y fatigosa realidad fue que nos despertamos a las 10:00 am, desayunamos con toda la parsimonia del mundo, creedme, mucha lentitud.
Tuvimos sorpresas matutinas como de costumbre (no iba a ser menos xD), la cuestión es que de buena mañana al ir a coger nuestros maravillosos cubiertos para nuestra leche absenta de colacao (los muy gorrones acabaron mis provisiones de un mes en una mañana) estaban llenos de hormigas, pegajosos y asquerosos cuando tuvimos que emprender un viaje a la habitación de lavar platos para dejarlos limpitos y divinos. Quedaron más pegajosos si cabe, pero en fin, lo que no mata, engorda y con hormigas el desayuno es más substancioso si cabe.
Todos con el desayuno en la garganta disponiéndose a salir de un momento a otro por orificios superiores emprendimos un camino hacia lo que creíamos era una ruta de domingueros, como siempre, idea errónea. Todos íbamos con nuestra mochilita para excursiones, móbil (sin cobertura), clínex que no falten por favor y agua. Al salir del cámping tuvimos que pasar un riachuelillo (metí mis pies de bruces en el fango) y a mano derecha pasamos por delante de un ganado de borregos y cabras donde vendían leche fresca, queso, yogures y comestibles varios (caerían, ya lo creo que cayeron).
Continuamos con nuestro camino de peregrinos ideal para bajar el desayuno (eso es mentira, no os penséis, íbamos a abonar el camino con nuestros desayunos). Una vez leímos el cartel : RUTA DELS 7 GORGS, teníamos la opción de ir por un caminito o hacerle caso al 'iluminatti' de Pol e ir campo a través (quise hacerme Tarzán y me lancé a la aventura, ojalá solo hubiera sido por ahí, pero una vez más, no fue así). Pol, Félix y yo fuimos por la ruta de los valientes pixapins de la jungla con nuestro cabecilla capitán cau Pol, en nuestro camino el ambiente olía a hogro (camisa de Pol), oíamos brujas (seguramente risa histérica ay, una abeja, de Carla), nos dábamos de bruces con ramas y comíamos arañas o teníamos dificultades para no adornar nuestra cabellera con insectos varios (ea, esa soy yo). Mientras tanto los demás iban por un paseíto donde el Sol brillaba, salían las mariposas a saludar, las flores sonreían y oías cantar a las hadas.
Después de pasarlas canutas (qué coño, las pasamos putas, jodidamente mal) me caí, más bien tiré por lo que para mí a simple vista me pareció un tobogán y resultó ser una roca aparentemente con poca pendiente y lisa, me raspé todos mis divinos glúteos y un buen arañazo en la pierna, en ese momento pensé, (Tarzán, con un taparrabos no se puede ir por la selva, se tiene que llevar armadura de samurai). Quién tuviera el escudo de Mulán para sentarse encima y derrapar la bajada eh.
Una vez abajo del suplicio, no había apenas sitio para caminar y como Félix y Pol no hacían más que atravesar arbustos, matorrales y plantas varias yo vi iluminado, (más bien fui yo la iluminada con pocas luces, espero que ustedes entiendan mi antítesis, recurso literario, busquen en google o similar) cuando me metí en lo que parecía un riachuelillo de 3 dedos de fondo. La cruda y graciosa realidad (graciosa ahora que me río pero cuando me metí fusilaba a quien se riera) es que al dar tres pasos el agua superó con creces mis tobillos y llegó hasta casi la cintura (mis botas eran impermeables, sí, pero cuando salí del agua a duras penas, las vacié y tenían agua a borbotones). Moraleja: no crean todo lo que pongan las etiquetas, miente, de impermeables nada (jajjajaj era broma, espero que ustedes comprendan mi sutil comentario, sinó perderé la fe en la humanidad pero nunca en mis lectores ;) ).
Una vez pasaron los segundos, seguidos por minutos, seguidos por horas, seguidos por dias, es broma, rebobinemos. Pasaron segundos y minutos, muchos, muchos minutos (es una reiteración) cuando al fin escuchamos el sonido del agua, y no, todavía no era la meadita de Félix, era el avistamiento del gorg, el tan esperado y aclamado gorg. Ahora sí, Félix no perdió el tiempo, no solo echó su meadita matutina sinó que además dejó postre, un croissant bien hermoso debió ser (Jesús compartió vino y pan pero mi amigo Félix que es más sibarita, es decir, refinado, compartió zumo de naranja y croissant recién hecho, para que luego digan que en Cataluña hay racaneo).
Finalmente se oían chillidos, gritos (adivinen ustedes de quién eran, cuya procedencia no fue difícil divisar) encima del gorg. Era el grupo (Abel, Arnau, y Carla, sí Carla, lo he escrito por orden alfabético así que no te quejes de que te nombre la última) el cual tuvo problemillas para bajar al gorg. De mientras élix y yo (el burro delante, es broma, bueno, no lo era, es que Pol en esta situación no estaba y no le puedo poner primero) pusimos las botas a secar y nos untamos con crema de Sol +60 como si fuésemos vampiros.
Cuando todo el grupo llegó a nuestra situación nos metimos en el gorg con zapatillas de río (escarpines, sí, madres, no se preocupen ustedes, por favor, será por equipaje, cargados como burros que íbamos, no nos venían de unos zapatos más) no sin antes ser salpicados y congelados por algún graciosillo cuyo nombre no recuerdo (sí lo recuerdo, pero fueron mayoría).
Una vez bañados y secos emprendimos el hambruno viaje de regreso al cámping (el retorno de los pixapins).
Muertos de hambre como íbamos (ojalá nos esperaran manjares dignos de mi paladar) nos esperaban bocadillos vegetales (evidentemente en cuanto oí en Barcelona la palabra vegetal se dispararon las alarmas y mi mochila fue llena de provisiones ricas, ricas y con fundamento, Félix, evidentemente, no iba a ser menos).
Todos comieron bocadillos vegetales escepto Félix que se comió el pan con fuet, jamón serrano y una lata de atún calvo, envase azul y yo, tenía un sobre de jamón de jabugo (sí, del que se te engancha la grasa en el cuello de lo bueno que está) y cómo no, un fuet espetec puesto a secar una semana antes (me gusta el fuet duro, por favor, absténganse a pensar mal, sí, yo he pensado mal a medida que escribía letra a letra pero no con dobles o triples sentidos). Pobre Abelín, su cara era un poema y sus palabras un descojone (cita textual: hay que joderse, éstos con jamón y yo bocadillo de hierba, si lo sé, me compró algo de carne en el súper). Carla como catadora profesional provó mi fuet y yo le cedí un trocito de jamón a Abel para que se deleitara entre la substancia gorrina.
Una vez hubimos comido (fíjense la cantidad de formas verbales que utilizo pues me los parendí en 6º curso de Primaria), lavamos los platos y nos echamos una siestecita, la hora de las márfagas (utensilios para poner debajo del saco de dormir para no clavarse lo que no está escrito en la espalda y otras partes corporales a elegir según la posición cuando se duerme). Todos con la márfaga fuera, Félix al haber traído la de bastoncitos de caña de la playa (cuando me dijo que le cupo en la mochila ya pensé que la había cagado en algo, por suerte de los errores se aprende, o bien, uno se vuelve más tonto que antes) se acoplaba en medio de la de Carla y la mía.
Después de numerosos minutos por no decir horas vagueando bajo los pinos, muchos y repetidos baños en la piscina, esta vez con más gente a parte de los fantasmas seniles y unas cuantas partidas de cartas llegó la hora de hacer la cena. Nuestro ágape (dígase así, dígase cena) fue hecho por Pol y por mí (recuerden fue, fui no se acentúan), compuesto por barritas de pescado (a saber si era radioactivo) y calamares a la romana (debieran ser congelados pero después de muchas horas sin nevera y con cubitos de hielo imagínense ustedes como estaban, no se lo imaginen pues estaban riquísimos, o eso, o teníamos un hambre digna de filmar y poner en youtube.
Una noche más fuimos a hacer pis a la montaña sin linternas pero con zapatillas (hay que ser preventivo a ver donde vayamos a pisar) y como tercera noche que era en el cámping Pirinenc dormí con Carla y élix con los chicos (sí, la tercera noche la tienda olía que alimentaba, el motivo de que se durmieran tan rápido fue que la camisa de Pol tumbaba hasta a un eleante). Aquí se cierra la tercera noche entre multitud (cabe mencionar que Carla y yo nos quedamos hablando sin cesar hasta dormirnos).
Ahora sí queridos lectores, aquí concluye un próspero y emotivo día de campamento.
lunes, 29 de abril de 2013
CÁMPING 'CAMPDEVÀNOL' VERANO 2012 DÍA 2
Querido diario no privado, hoy voy a explicaros os emotivos acontecimientos de nuestro segundo día en el maravilloso resort campamento fantasma de Cámping Pirinenc.
Dicho esto voy a explicar susodichas palabras, todo se debe a que el primer día pudimos divisar a tres famílias alojadas como mucho y el segundo día al despertarnos (piensen que somos jóvenes urbanitas pixapins aunque afortunadamente no todos, absténganse profesionales en caus) no encontramos alma menor de 57 años. Había más gente trabajando en el cámping en sus quehaceres (pocos debieran ser al estar exempto de turismo) cuando decidimos ahuecar el ala de la tienda y enfrentarnos a nuestro primer maravilloso día en plena naturaleza.
Nos despertamos todos (yo toqué un pelin las narices la noche/madrugada/falso amanecer impidiendo a mis tiendañeros (compañeros de tienda) cuando les desperté en mitad de la fría y oscura noche dando un falso aviso de amanecer. Para cuando se confirmó el error ya estábamos todos con los ojos como platos listos para jurar bandera y hacer la marcha por la corte como aquel que dice (sí, lo digo yo, cosecha propia de los Parra).
Lo primero que se me ocurre hacer es despertar a mis convecinos de tienda Carla y Félix acojonándolos con un sustillo. Lástima que no salió bien porque Félix (urbanita y pixapins como yo a mucha honra) se despertó antes que los abuelos, es decir, a saber usted qué hora era que ya estaba en pie desesperado por la vagancia de los demás y había echado chorrito de pis de bienvenida al césped de al lado de las tiendas. No tuve más remedio que guardarme el susto (risa para mí, más bien descojone) para otro día (cercano, sí, muy cercano). Nos dirijimos ambos con nuestro neceser y maravillosos pijamas (el suyo con pantalones vegestorianos a rayas azules y blancas y el mío de conejitos divinos de la muerte, conejito de Shin Chan, el peluche de Nené).
A medio camino entre el minicampo de fútbol hacia los aseos nos dimos cuenta de que íbamos descalzos (nuestras pantuflas debieran estar donde Jesucristo perdió las sandalias o más lejos, vaya usted a saber) clavándonos las piedras en nuestras plantas de pie hobbitcianas (hablo por la de Félix, yo tengo unos delicados y finos pies).
Una vez se hubo despertado todo el mundo (con una pequeña ayudita por nuestra parte para realizar la bonita tarea de despertar a tus compañeros de cámping) decidimos hacer una excursión a los gorgs, no sin antes haber desayunado. Yo llevé una pequeña reserva de Nesquik para MI LECHE o compartir bondadosa pero no generosamente con los demás. Entre tanto que me levanté a buscar mi cucharilla para remover dicha substancia que al volver no quedaban apenas polvos de Nesquik.
AVISO: si van de cámping con compañeros tienen dos opciones: o bien se lleva un barreño de nesquik o se lo esconde y evita a toda costa que echen mano de sus reservas de polvos, sí, lo sé, suena mal.
Quién iba a decirnos que con la panza llena no nos iba a apetecer ir de excursión eh, pues la triste y vaga realidad fue que no teníamos ganas ni de lavar un mísero tazón usado en el desayuno cuando ni mucho menos estábamos para ir de excursión. Finalmente nos decantamos por la opción sencilla, es decir, la de no hacer nada escepto el gandul en la piscina del cámping.
Mira que las abuelas y no tan abuelas se ponen pesaditas con la crema solar, pues nada oye, al parecer a la juventud de hoy en día no se le ocurre untarse de crema solar como si de orchata se tratase. Resultado: Abel quemado, y los demás rojitos de cara y hombros.
Una vez llegó la hora de ir a comer nos deleitamos con unos maravillosos ''entrecots'' duros como una piedra y con más hebras que lianas tenía la selva de Tarzán. Por la tarde queríamos descansar diez minutitos, seguidos de veinte hasta convertirse en 2 horas. A esto hay que sumarle un par de bañitos y llamadas telefónicas a familiares con y sin sinceridad ''tomando prestada'' la electricidad del megacampamento de unos guiris de al lado. Si son guiris para qué quieren electricidad, sé que no es buena excusa, pero se me ocurrió para no tener remordimientos; aquella noche creí que éstos llegarían pero al parecer mi conciencia estuvo en coma durante el cámping, mejor, que me quiten lo bailao' y lo cargao' en mi móbil.
Los chicos (Pol, Abel y Arnau) fueron al pueblo en busca de provisiones, tomarse una clara y traerme mi estupenda sudadera que me olvidé la tarde anterior en el bar Carmen.
Cuando volvieron sacando los higadillos por la boca y vaya usted a saber por qué otros orificios fuimos todos juntitos a la piscina donde me martirizaban hundiendo mi divino cuerpecito bajo la capa de agua con cloro de la piscina.
Agotados y famélicos decidimos irnos a duchar cuando ciertamente las dos únicas chicas del cámping (busquen donde busquen no encontrarán dos especímenes de pura cepa como Carla y yo) fuimos quienes nos duchamos y no como los marranos de los chicos. Al parecer si les toca el agua se encogen o quizá tengan miedo de oler bien por no mencionar a un individuo que no se cambió de camisa en los seis días que duró nuestra estancia. Esa camisa debe estar en una caja fuerte a salvo de nuestras manos porque Carla y yo nos quedamos con ganas de incinerarla.
Finalmente hicimos una cenita ligerita, fuimos a jugar y hablar en una colina cerca de la verja del cámping y decidimos estirarnos en el cemento a ver las estrellas. Serían las únicas luces que veríamos de noche (entre las pocas luces que tienen los chicos y la notable carencia de linternas por no decir ausencia de las susodichas).
Una vez dicho esto yo me quedé frita estirada en el pavimento cuando los demás me despertaron y nos fuimos a dormir. Segundo día de cámping concluído, no sin antes creernos que los baños estaban cerrados y hacer pis en medio del monte y a oscuras para más inri. Ahora sí, fin del capítulo dos.
viernes, 26 de abril de 2013
CÁMPING 'CAMPDEVÀNOL' VERANO 2012 DÍA 1
¡Por fin llega el gran día de nuestra aventura! Antes de salir de nuestra casa ya sabíamos que sería una experiencia inolvidable pero nuestras expectativas no podían estar más alejadas de la realidad, gratamente claro.
Quedamos a las 11:00 h de la mañana en la línea verde, L3, de la plaza Catalunya, enfrente del FNAC. Como siempre algunos tardones llegan tarde y hacen correr a los puntuales. Yo fui a buscar a mi amigo Félix a su casa para ir en el coche de mi padre, conducido por el mismo, hasta el punto de encuentro. LLegamos 20 minutos antes (la prepuntualidad emocioal que me provocó el evento) y aparcamos en doble fila en zona de descarga de camiones, todos sentados en el coche todavía. Entablamos una emocionante conversación cuando para sorpresa nuestra un señor chamaquito (sin despectivo) viene del camión de delante y pica en nuestra ventanilla. El buenaventurado hombre nos dice que está descargando y nos tenemos que ir, con lo cual, mi padre, benerado sea su espíritu de chofer, dice que es un borrego, un mandado y no nos moverán hasta que sea la hora de quedada.
Una vez estamos todos reunidos (uix, parece que recite la Bíblia) procedemos a comprar los billetes del tren de cercanías hasta nuestro destino, Campdevànol. Para sorpresa nuestra tuvimos que ir corriendo hasta la otra punta de la plaza Cataluña, sacando los higadillos por la boca y otros por diferentes orificos corporales cargados como burros para no perder nuestro tren, el cual salía en 15 minutos. Todo eso interrumpido por un estruendo en el pavimento del semáforo, me giré y era mi sartén made in Auchan (Alcampo), tuve que volver y recogerla cagando leches a coger el tren. Sí, la pifie atandola con una goma del pelo pero no habían muchas más opciones, creedme.
Una vez estamos en el tren y recuperamos la compostura pero no el aliento nos damos cuenta de que ese tren no llegaba a nuestro destino sinó a Ripoll. Tendríamos que haber caminado 17 km con la casa a cuestas de no haber sido por la amable revisora, nunca me alegré de ver tanto a una, la que nos aclaró que estábamos en el tren correcto y llegaba a nuestro destino.
Se nos ocurrió jugar a un juego de pasar la pinza (a casi todos se nos fue la pinza antes de emprender tan singular viaje, razón por la cual el juego carecía de sentido).
Empecé a sacar las pastillas que tenía que coger yo para el botiquín (médicamente muy bien preparados) cuando salió la broma de mi boca de que parecía la subasta del pastillero de Amy Winehouse).
Después de dos horas de arduo trayecto en tren y un casi no lo cuento de Natalia, es decir yo, al bajarse del tren (la mochila parecía pesar más que yo) nos disponemos a comer en unas mesas de picnic al lado de la estación.
Todos con fiambrera y yo con sobres de jamón de jabugo y bollos de pan recién horneados antes de salir de BCN. (Aclaración: se pueden decir bollos de pan o panecillos y sí, soy sibarita con la gastronomía hasta yéndome de cámping).
Al preparar mi bocadillo sin querer tiré mi cuchillo a una papelera y más tarde tuve que volver a buscarlo. Por cierto se me olvidó incluir en la lista del equipaje la fiambrera con cubiertos.
Iniciamos un corto camino, no sin pérdida, hasta un supermercado, probablemente el único del pueblo. La mente privilegiada de nuestros ''jefecillos expertos en acampada'' propuso ir cargados como desgraciados de comida + garrafa de agua de 8L además del peso inhumano de nuestro equipaje, sobretodo del mío.
Para retomar el aliento una vez haber perdido el peinado al ponernos la mochila sobre nuestro pobre hombros decidimos parar en Ca la Carmen, un bar/restaurante del pueblo donde nos refrescamos con agua fría en mi caso, y clarazos en el caso de los chicos.
Mi brillante mente se olvidó a mi sudadera en la silla donde me senté en el momento de parar a un chico, (autoestop) muy majo, por cierto, que se ofreció a llevarnos al cámping (según la maldita guía a 1 km).
Yo fui la maestra que hurdió la parada del coche y la imbécil que no subió cediendo asiento a mis compañeros más cabrones y desfavorecidos. Los muy cabrones no subieron todo el equipaje al coche y Abel, Arnau y yo nos chupamos una hora de fastuosa caminata de camino al cámping con nuestras mochilas y una tienda de campaña.
Cuando mis fuerzas fallaban (cada 30 segundos) decidimos parar muy continuadamente pero gracias a un milagro llamado pies con una bienvenida al cámping genial (nada más lejos de la reaidad) conseguimos hacer autoestop, otra vez yo, si tenía que esperar a que pararan los chicos ya podía morir en medio de la carretera. El conductor casi se nos muere al volante de un ataque de risa (estábamos a tan solo 200 metros del cámping cuando paramos el coche), igualmente nos levó y nos dejó en la oficina del cámping.
Mi buena fe (no religiosa) esperaba que mis compañeros, ya que habían ido en coche, no habían caminado nada y no llevaban la comida hubiesen montado una de las tiendas de campaña y nos ayudara a deshacer el equipaje.
La visión del infierno apareció frente a nuestros ojos al encontrarnos con una parcela vacía a excepción de 3 mochilas desperdigadas por el suelo y Félix y Carla yendo en bañador hacia la piscina. Mi cabreo fue tal que monté yo sola una tienda (bueno, vale, con un poco de ayuda de los chicos) y no quería dejar entrar a los que no hubieran colaborado. Una vez montamos las tiendas fuimos a la piscina todos a bañarnos y a terminar una cansadísima tarde.
La cena fue un momento curioso ya que anocheció con apenas luz entre Pol y yo cocinamos unas croquetas (desmoronadas y hechas pelotas agrias y asquerosas por las torpes manos culinarias de Pol) conseguimos cenar algo. Hay que destacar que también hice un rissotto de Gallina Blanca (lo llevaba como reserva para situaciones como ésa) del cual comió o más bien degustó todo el mundo y pillamos una descomposición (causada por el agua) que nos hizo empezar una dura pérdida de peso en nuestros días de acampada. Nuestra idea era cenar y montar jolgorio (expresión de anciana lo sé, mejor decir 'partyhard').
La cruda realidad fue que tuvimos que cenar en el camino de piedras hecho para los coches debajo de la farola ya que no teníamos luz, sillas o mesa. Mientras tanto la pareja de mediana edad extranjera de al lado nuestro se montó una tienda cocina-comedor con la cual se nos caía la baba (o al menos a mí habría que ponerme un babero).
Nuestro momento de fiestón fue subsstituído por fregar los platos (los dejamos al aire libre y por la mañana estaban llenos de hormigas y objetos no identificados) e ir al lavabo el cual tenía un cartel en la puerta donde decía que cerraba a las 23:00 h. Pensamos que vaya mierda de cámping que te estás m....ndo encima y no puedes entrar. Lo cierto es que la última noche (sí, fui yo la que leyó el cartel al completo, no sé cómo lo consiguió mi pobre vista) y nos dimos cuenta (gracias a mi explicación y releída de los demás al cartel) de que cerraban la parte de lavar los platos a las 23:00 h y no el lavabo. Fue un momento muy gracioso aunque también penoso.
Llegó la hora de irnos a dormir debido a nuestro gran agotamiento donde nos jugamos los sitios en la tienda sacando cartas (el que tenga la carta más alta elige, me tocó el as a mí jejjeje). Carla y Félix durmieron en la tienda de dos (no son pareja) y en el siguiente orden dormimos los demás en la tienda grande (Arnau, Abel, Pol y yo). Lo mejor fue que se me pasó el sueño cuando nos acomodamos todos y me puse a hablar (creo que acabé hablando sola o con los organismos de la naturaleza, todos privilegiados por escuchar a una catalana tan molona como yo).
Al cabo de muchas horas para mí, las suficientes, desperté a Pol porque ya era de día. Él todo presumido de ir a un cau (grupos que van de acampada) dijo que levantando la márfaga se vería si había luz o no y así saber que había amanecido. Una vez hizo eso llegó a la conclusión de que ya era de día y despertamos a toda nuestra tienda como pudimos (como nos dio la gana para empreñar más) de manera que abro la tienda para salir (había diluviado por la noche) y veo que todavía es de noche, razón por la cual decido callarme.
El muy avispado y marmota de Arnau decide mirar su ultramegareloj y se da cuenta de que eran las 3:15 h de la madrugada, razón por la cual él tenía tanto sueño, tanto que ni gritó, simplemente decidió que volviéramos a dormir. Y así fue, dije buenas noches tres veces y los ángeles se me llevaron entre las sábanas en un dulce y plácido sueño.
Quedamos a las 11:00 h de la mañana en la línea verde, L3, de la plaza Catalunya, enfrente del FNAC. Como siempre algunos tardones llegan tarde y hacen correr a los puntuales. Yo fui a buscar a mi amigo Félix a su casa para ir en el coche de mi padre, conducido por el mismo, hasta el punto de encuentro. LLegamos 20 minutos antes (la prepuntualidad emocioal que me provocó el evento) y aparcamos en doble fila en zona de descarga de camiones, todos sentados en el coche todavía. Entablamos una emocionante conversación cuando para sorpresa nuestra un señor chamaquito (sin despectivo) viene del camión de delante y pica en nuestra ventanilla. El buenaventurado hombre nos dice que está descargando y nos tenemos que ir, con lo cual, mi padre, benerado sea su espíritu de chofer, dice que es un borrego, un mandado y no nos moverán hasta que sea la hora de quedada.
Una vez estamos todos reunidos (uix, parece que recite la Bíblia) procedemos a comprar los billetes del tren de cercanías hasta nuestro destino, Campdevànol. Para sorpresa nuestra tuvimos que ir corriendo hasta la otra punta de la plaza Cataluña, sacando los higadillos por la boca y otros por diferentes orificos corporales cargados como burros para no perder nuestro tren, el cual salía en 15 minutos. Todo eso interrumpido por un estruendo en el pavimento del semáforo, me giré y era mi sartén made in Auchan (Alcampo), tuve que volver y recogerla cagando leches a coger el tren. Sí, la pifie atandola con una goma del pelo pero no habían muchas más opciones, creedme.
Una vez estamos en el tren y recuperamos la compostura pero no el aliento nos damos cuenta de que ese tren no llegaba a nuestro destino sinó a Ripoll. Tendríamos que haber caminado 17 km con la casa a cuestas de no haber sido por la amable revisora, nunca me alegré de ver tanto a una, la que nos aclaró que estábamos en el tren correcto y llegaba a nuestro destino.
Se nos ocurrió jugar a un juego de pasar la pinza (a casi todos se nos fue la pinza antes de emprender tan singular viaje, razón por la cual el juego carecía de sentido).
Empecé a sacar las pastillas que tenía que coger yo para el botiquín (médicamente muy bien preparados) cuando salió la broma de mi boca de que parecía la subasta del pastillero de Amy Winehouse).
Después de dos horas de arduo trayecto en tren y un casi no lo cuento de Natalia, es decir yo, al bajarse del tren (la mochila parecía pesar más que yo) nos disponemos a comer en unas mesas de picnic al lado de la estación.
Todos con fiambrera y yo con sobres de jamón de jabugo y bollos de pan recién horneados antes de salir de BCN. (Aclaración: se pueden decir bollos de pan o panecillos y sí, soy sibarita con la gastronomía hasta yéndome de cámping).
Al preparar mi bocadillo sin querer tiré mi cuchillo a una papelera y más tarde tuve que volver a buscarlo. Por cierto se me olvidó incluir en la lista del equipaje la fiambrera con cubiertos.
Iniciamos un corto camino, no sin pérdida, hasta un supermercado, probablemente el único del pueblo. La mente privilegiada de nuestros ''jefecillos expertos en acampada'' propuso ir cargados como desgraciados de comida + garrafa de agua de 8L además del peso inhumano de nuestro equipaje, sobretodo del mío.
Para retomar el aliento una vez haber perdido el peinado al ponernos la mochila sobre nuestro pobre hombros decidimos parar en Ca la Carmen, un bar/restaurante del pueblo donde nos refrescamos con agua fría en mi caso, y clarazos en el caso de los chicos.
Mi brillante mente se olvidó a mi sudadera en la silla donde me senté en el momento de parar a un chico, (autoestop) muy majo, por cierto, que se ofreció a llevarnos al cámping (según la maldita guía a 1 km).
Yo fui la maestra que hurdió la parada del coche y la imbécil que no subió cediendo asiento a mis compañeros más cabrones y desfavorecidos. Los muy cabrones no subieron todo el equipaje al coche y Abel, Arnau y yo nos chupamos una hora de fastuosa caminata de camino al cámping con nuestras mochilas y una tienda de campaña.
Cuando mis fuerzas fallaban (cada 30 segundos) decidimos parar muy continuadamente pero gracias a un milagro llamado pies con una bienvenida al cámping genial (nada más lejos de la reaidad) conseguimos hacer autoestop, otra vez yo, si tenía que esperar a que pararan los chicos ya podía morir en medio de la carretera. El conductor casi se nos muere al volante de un ataque de risa (estábamos a tan solo 200 metros del cámping cuando paramos el coche), igualmente nos levó y nos dejó en la oficina del cámping.
Mi buena fe (no religiosa) esperaba que mis compañeros, ya que habían ido en coche, no habían caminado nada y no llevaban la comida hubiesen montado una de las tiendas de campaña y nos ayudara a deshacer el equipaje.
La visión del infierno apareció frente a nuestros ojos al encontrarnos con una parcela vacía a excepción de 3 mochilas desperdigadas por el suelo y Félix y Carla yendo en bañador hacia la piscina. Mi cabreo fue tal que monté yo sola una tienda (bueno, vale, con un poco de ayuda de los chicos) y no quería dejar entrar a los que no hubieran colaborado. Una vez montamos las tiendas fuimos a la piscina todos a bañarnos y a terminar una cansadísima tarde.
La cena fue un momento curioso ya que anocheció con apenas luz entre Pol y yo cocinamos unas croquetas (desmoronadas y hechas pelotas agrias y asquerosas por las torpes manos culinarias de Pol) conseguimos cenar algo. Hay que destacar que también hice un rissotto de Gallina Blanca (lo llevaba como reserva para situaciones como ésa) del cual comió o más bien degustó todo el mundo y pillamos una descomposición (causada por el agua) que nos hizo empezar una dura pérdida de peso en nuestros días de acampada. Nuestra idea era cenar y montar jolgorio (expresión de anciana lo sé, mejor decir 'partyhard').
La cruda realidad fue que tuvimos que cenar en el camino de piedras hecho para los coches debajo de la farola ya que no teníamos luz, sillas o mesa. Mientras tanto la pareja de mediana edad extranjera de al lado nuestro se montó una tienda cocina-comedor con la cual se nos caía la baba (o al menos a mí habría que ponerme un babero).
Nuestro momento de fiestón fue subsstituído por fregar los platos (los dejamos al aire libre y por la mañana estaban llenos de hormigas y objetos no identificados) e ir al lavabo el cual tenía un cartel en la puerta donde decía que cerraba a las 23:00 h. Pensamos que vaya mierda de cámping que te estás m....ndo encima y no puedes entrar. Lo cierto es que la última noche (sí, fui yo la que leyó el cartel al completo, no sé cómo lo consiguió mi pobre vista) y nos dimos cuenta (gracias a mi explicación y releída de los demás al cartel) de que cerraban la parte de lavar los platos a las 23:00 h y no el lavabo. Fue un momento muy gracioso aunque también penoso.
Llegó la hora de irnos a dormir debido a nuestro gran agotamiento donde nos jugamos los sitios en la tienda sacando cartas (el que tenga la carta más alta elige, me tocó el as a mí jejjeje). Carla y Félix durmieron en la tienda de dos (no son pareja) y en el siguiente orden dormimos los demás en la tienda grande (Arnau, Abel, Pol y yo). Lo mejor fue que se me pasó el sueño cuando nos acomodamos todos y me puse a hablar (creo que acabé hablando sola o con los organismos de la naturaleza, todos privilegiados por escuchar a una catalana tan molona como yo).
Al cabo de muchas horas para mí, las suficientes, desperté a Pol porque ya era de día. Él todo presumido de ir a un cau (grupos que van de acampada) dijo que levantando la márfaga se vería si había luz o no y así saber que había amanecido. Una vez hizo eso llegó a la conclusión de que ya era de día y despertamos a toda nuestra tienda como pudimos (como nos dio la gana para empreñar más) de manera que abro la tienda para salir (había diluviado por la noche) y veo que todavía es de noche, razón por la cual decido callarme.
El muy avispado y marmota de Arnau decide mirar su ultramegareloj y se da cuenta de que eran las 3:15 h de la madrugada, razón por la cual él tenía tanto sueño, tanto que ni gritó, simplemente decidió que volviéramos a dormir. Y así fue, dije buenas noches tres veces y los ángeles se me llevaron entre las sábanas en un dulce y plácido sueño.
CÁMPING 'CAMPDEVÀNOL' VERANO 2012 EQUIPAJE
Uno de los momentos más engorrosos en el momento de hacer un viaje es la preparación del equipaje. Nos vemos invadidos por muchas sensaciones a la vez como emoción, nostalgia, agobio, estrés y sobre todo inseguridad.
El primer paso para no olvidarnos nada es hacer una lista de cosas para llevarnos, si queréis podéis apuntaros hasta el nombre de vuestros compañeros no vaya a ser que se os olvide alguno en la ciudad. Fuera bromas, lo más aconsejable es llevar en un papel apuntados los números de teléfono de tus compañeros de viaje y al menos de uno de sus familiares y dejarlo en el lugar donde os alojéis para prevenir cualquier incidente y quedar incomunicados.
En mi lista para irme 6 días y 5 noches de cámping a principios de julio fue un poco, muy, mucho más exagerada de lo que debería haber sido pero como en todas las primeras veces más vale estar preparado para imprevistos y el resultado de tanta maldita previsión fue llevarme la casa a cuestas.
- Mudas de ropa interior para cada día
- Botas de montaña
- Chanclas de dedo para ir a la piscina, duchas, etc.
- Calzado de neopreno probablemente llamado escarpines para bañarnos en los gorgs o lugares con suelo no embaldosado
- Chubasquero
- Pijama
- Polar
- Dos sudaderas
- 2 pantalones largos cómodos
- 2 pantalones cortos cómodos
- 5 camisetas (mejor manga corta para no quemarse los hombros)
- Dos toallas grandes (una para la piscina y otra para la ducha)
- Neceser (incluye todo lo necesario para nuestro aseo (por favor, no os lo olvidéis a propósito, cochinos)
- Tres bikinis
- Crema solar de cuerpo y cara +60 (sí, soy blanquita de piel y me pongo gamba, gambón en un periquete)
- After sun (probablemente alguno de vosotros os chamusquéis al hacer siestas)
- Botiquín (repelente para mosquitos, afterbite, gelocatiles, strepsils para los gritones aunque alguno no se quede mudo ni aunque le peguen, tiritas, etc.)
- Márfaga (esterilla de montaña para los castellanoparlantes en su ignorancia del vocablo catalán)
- Mochila de 50L de montaña
- Mochila de 20L para excursiones
- Saco de dormir (12ºC-º18ºC.)
- Mini almohada de viscoelástica (hay gente que lo verá una chorrada pero se agradece)
- Cámara de fotos compacta Finepix + cargador
- Móbil + cargador
- Linterna (me olvidé y fue una gran cagada)
- Gafas de sol
- Gafas para la piscina y sumergirse en general (abstenerse de usarlas en la ducha)
- Fogo (no es necesario pero en mi caso una invasión de bichos poco agradable en las duchas, sí, se va a la montaña pero no hacen falta observadores de otra especie muentras uno se asea)
- Cerillas
- Libro
- Cartas para jugar
- Cantimplora
- DNI
- Tarjeta de la seguridad social
- Dinero (muy importante)
El primer paso para no olvidarnos nada es hacer una lista de cosas para llevarnos, si queréis podéis apuntaros hasta el nombre de vuestros compañeros no vaya a ser que se os olvide alguno en la ciudad. Fuera bromas, lo más aconsejable es llevar en un papel apuntados los números de teléfono de tus compañeros de viaje y al menos de uno de sus familiares y dejarlo en el lugar donde os alojéis para prevenir cualquier incidente y quedar incomunicados.
En mi lista para irme 6 días y 5 noches de cámping a principios de julio fue un poco, muy, mucho más exagerada de lo que debería haber sido pero como en todas las primeras veces más vale estar preparado para imprevistos y el resultado de tanta maldita previsión fue llevarme la casa a cuestas.
- Mudas de ropa interior para cada día
- Botas de montaña
- Chanclas de dedo para ir a la piscina, duchas, etc.
- Calzado de neopreno probablemente llamado escarpines para bañarnos en los gorgs o lugares con suelo no embaldosado
- Chubasquero
- Pijama
- Polar
- Dos sudaderas
- 2 pantalones largos cómodos
- 2 pantalones cortos cómodos
- 5 camisetas (mejor manga corta para no quemarse los hombros)
- Dos toallas grandes (una para la piscina y otra para la ducha)
- Neceser (incluye todo lo necesario para nuestro aseo (por favor, no os lo olvidéis a propósito, cochinos)
- Tres bikinis
- Crema solar de cuerpo y cara +60 (sí, soy blanquita de piel y me pongo gamba, gambón en un periquete)
- After sun (probablemente alguno de vosotros os chamusquéis al hacer siestas)
- Botiquín (repelente para mosquitos, afterbite, gelocatiles, strepsils para los gritones aunque alguno no se quede mudo ni aunque le peguen, tiritas, etc.)
- Márfaga (esterilla de montaña para los castellanoparlantes en su ignorancia del vocablo catalán)
- Mochila de 50L de montaña
- Mochila de 20L para excursiones
- Saco de dormir (12ºC-º18ºC.)
- Mini almohada de viscoelástica (hay gente que lo verá una chorrada pero se agradece)
- Cámara de fotos compacta Finepix + cargador
- Móbil + cargador
- Linterna (me olvidé y fue una gran cagada)
- Gafas de sol
- Gafas para la piscina y sumergirse en general (abstenerse de usarlas en la ducha)
- Fogo (no es necesario pero en mi caso una invasión de bichos poco agradable en las duchas, sí, se va a la montaña pero no hacen falta observadores de otra especie muentras uno se asea)
- Cerillas
- Libro
- Cartas para jugar
- Cantimplora
- DNI
- Tarjeta de la seguridad social
- Dinero (muy importante)
CAMPING 'CAMPDEVÀNOL' 2012 INTRODUCCIÓN
Todo comenzó proponiendo entre amigos ir de camping en algún momento de nuestro próximo e incierto futuro. Lo que no sabíamos era que esa propuesta cambiaría el destino de nuestro verano. Fuimos 6 los componentes del grupo que fue en busca de la aventura o más bien la aventura nos encontró a nosotros.
Previamente al viaje hubo planificación, sí, eso he dicho, la palabra a la que teme todo el mundo y presenta un debate moral sobre ser organizado y preparar las cosas con antelación. Pues bien, por raro que parezca, ni somos organizados ni planeamos el viaje con antelación.
A tres semanas antes de irnos de viaje todavía no sabíamos el cámping donde nos alojaríamos ni calendarios ni nada. Lo único que teníamos eran 150 euros de presupuesto incluyendo alojamiento, comida y transporte y muchas, muchas ganas de pasárnoslo en grande y sin familiares.
El lugar de destino fue Campdevànol, una región situada en Ripoll famosa por sus gorgs. Para los ignorantes de la montaña o pixapins como yo os diré que un gorg es un estanque de montaña relativamente pequeño, bastante profundo (puede llegar a 10 metros), agua cristalina, alguna que otra cueva y el fondo de piedras.
Nuestro movidito viaje empezó en el momento de hacer la lista para el equipaje porque cualquiera diría que es difícil preparar una mochila para irse 6 días a la montaña, pues bien, es una tarea jodida, qué coño, jodidísima.
Previamente al viaje hubo planificación, sí, eso he dicho, la palabra a la que teme todo el mundo y presenta un debate moral sobre ser organizado y preparar las cosas con antelación. Pues bien, por raro que parezca, ni somos organizados ni planeamos el viaje con antelación.
A tres semanas antes de irnos de viaje todavía no sabíamos el cámping donde nos alojaríamos ni calendarios ni nada. Lo único que teníamos eran 150 euros de presupuesto incluyendo alojamiento, comida y transporte y muchas, muchas ganas de pasárnoslo en grande y sin familiares.
El lugar de destino fue Campdevànol, una región situada en Ripoll famosa por sus gorgs. Para los ignorantes de la montaña o pixapins como yo os diré que un gorg es un estanque de montaña relativamente pequeño, bastante profundo (puede llegar a 10 metros), agua cristalina, alguna que otra cueva y el fondo de piedras.
Nuestro movidito viaje empezó en el momento de hacer la lista para el equipaje porque cualquiera diría que es difícil preparar una mochila para irse 6 días a la montaña, pues bien, es una tarea jodida, qué coño, jodidísima.
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