miércoles, 30 de marzo de 2016

Tropiezos de agua y arena

Dicen que los humanos caemos dos veces con la misma piedra. La primera piedra se formó y destruyó en  y la segunda en . La tercera se está formando, estrenando y nosotros tropezamos y caeremos.

La avaricia, el orgullo, el rencor, el egoísmo y la frialdad corroen al ser humano y estos atributos se dejan entrever con más fuerza que la humildad, la bondad, la generosidad y la calidez. Estos atributos son los pilares y fundadores de las piedras, no son piedras que existen sin más, éstas son creadas grano a grano de arena para luego ser pisadas y destruídas, donde el agua se esparce, se desvanece y quedan rastros de arena.

Demasiada tristeza para que se sigan creando piedras, demasiado duras para que se reconozca la culpabilidad, nuestra culpabilidad. La rotación de nuestra historia no deja de girar en el mismo sentido; ricos contra pobres, los primeros vendedores de armas a os segundos mientras que éstos mediante guerras internas no importan a los ricos siempre y cuando no entorpezcan sus intereses.

En ocasiones, mi atrevida opinión arriesga a la certeza de un siempre, al deshacerse la piedra, ésta salpica granos de arena, no es un resultado digno de admirar como parecía desde la cúpula de cristal. El temor se apodera de los poderosos, se giran las tornas y el papel en el juego de los tropiezos quiere cambiar.

Se pretende cambiar para que los malos no parezcan tan malos ni los buenos parezcan tan buenos, la respuesta a la paradoja es sencilla, no hay tornas, ni papeles ni bandos, solo existe un lado y es el nuestro, el de los seres humanos.

Sí, los mismos que han dividido el globo en dos, ese cúter que corta finamente la hoja en partes desiguales pero se piensa, con celo se arreglará, me quedo el lado más grande, ese lado diferenciado por sus riquezas sin importar los valores, los valores que hacen lo que somos y no por las monedas que valemos.

En ese preciso instante en que seamos más personas y menos dinero, las piedras dejarán de tener pilares, se desvanecerán y nosotros, los humanos dejaremos de tropezar, de salpicar. Hasta ese momento, agua y arena se unirán para que la raza humana vuelva a tropezar.

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