Recuerdos. Te alimentan a la vez
que te consumen como esa ceniza que se calienta pero nunca llega a arder.
El ser humano tiende a
regocijarse en su fortuna y retorcerse en la amargura. Somos orgullosos y al
mismo tiempo nobles, por mucho dolor que evoque recordar, revivir el pasado
alimenta el presenta y en ocasiones mata el futuro.
Podríamos aplicar el no dejar que
nos atormenten los fantasmas del pasado, que no nos engañen, creo y deberíamos
creer y confiar en un cambio, a mejor y a peor, no obstante, sin repetir los
errores del pasado, aprender y no repetir dicen, parece que esa lección nos la
saltamos por todo lo alto.
El globo está en constante
movimiento al igual que sus integrantes, nuestra esencia, nuestro ser, cambia a
cada instante, a cada latido de ese órgano llamado corazón y con el que se dice
sentir, a cada aliento y sofoco que sucede a nuestro alrededor. Ese alrededor
tan querido y buscado nuestro, buscado y anhelado por todos y cada uno de
nosotros, ese entorno de cariño y apoyo resulta nuestro muro infranqueable
frente a la dura realidad, esa jodida realidad que da significado al hecho de
vivir.
Resulta ser que vivir sin los
actos inconscientes y desenfrenados de cada uno de nosotros no cobraría
sentido, cada día se dejan escapar oportunidades de vivir cambiadas por las de
ver pasar la vida, cuando eso sucede, vivir deja de tener sentido.
Sin riesgo, nadie gana, sin valor
no se sabe qué es el dolor y sin dolor, no se siente plenamente. En el
ignorante de vida yace el ignorante de pasión, pasión por vivir y pasión por
recordar lo vivido.
Porque como he dicho, vivir es
para valientes y recordar para los que han arriesgado viviendo y no han visto
vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario