martes, 29 de marzo de 2016

TEMIDO AZUL HIELO

01:00 am. Ha llegado el momento de empezar mi turno en el hospital, me encanta el turno de madrugada, es el más tranquilo y donde los pacientes oponen menos resistencia a que les trates, simplemente genial. Bajo al parquin del edificio, cojo el ascensor para personal y voy al cuarto de enfermeras para cambiarme, me quito toda la vestimenta negra y me visto como el pijama color azul hielo de trabajo. Esta vestimenta me hace dar una imagen insensible, tal vez, simplemente, realza la imagen que tengo, la de una persona que finge empatizar con el resto sabiendo cómo se sienten pero sin que eso me dé pena, sin que enternezca o emocione, solo consigo decir y hacer lo esperado de una buena persona con sentimientos, lo que quieren oír.

Una vez cambiada, me adentro en el oscuro y silencioso pasillo de pacientes paliativos cuyo silencio se rompe con los pip de las máquinas a las que se encuentran aferrados, las máquinas que logran aferrarles a la vida, esta vida que para ellos está terminando. Hay pacientes que se resignan y saben que les llega su hora, otros, imploran y suplican tener más tiempo, algunos buscan redención en un dios inexistente, creado por la mente humana, para que ésta idea les dé protección y puedan hallar paz, su redentor. A mí, no me importa el perdón, no me importa lo que piense la gente de mí o definitivamente no me importa en absoluto nada acerca de sus vidas. Hay quien me llama fría, insensible, llámalo X, libertad de expresión; como antes he mencionado, me resulta indiferente.

Mi trabajo consiste en salvar vidas, la dificultad entra en juego una vez que tengo que discernir entre salvarle la vida a alguien que debe seguir viviendo o acabar con la de alguien para quien no existe futuro posible en este mundo. Acostumbro a declinarme por el deseo de mis pacientes, a unos les concedo más tiempo con sus seres queridos y a poner fin a la vida vacía de otros siempre y cuando su reloj esté dejando de funcionar, se esté consumiendo y su latido quede apenas inaudible al oído humano. En las muertes súbitas no juego ningún papel, de eso ya se ocupa el destino que se haya labrado cada uno, son inevitables a mi alcance y las llaman colapsos biológicos; bonito nombre científico, a todo le quieren o necesitan encontrarle una designación que dé explicación a su causa.

La cuestión primordial y relevante, es que aligero el pesar de mis pacientes, como es el caso de don Esusebio, el paciente cuya cama se ubica al lado de la ventana, habitación 208, su vida ya no tiene razón de ser y me ha pedido ayuda, hallar la solución a su problema. Alega haber visto a todos sus amigos morir, haber tenido descendencia y una vida plena, encontró su media naranja y, como todo en esta vida, ésta maduró y se estropeó convirtiéndose en cenizas. Me pidió el final y eso, queridos amigos, está en mi dominio laboral.

 Le suministraré anestesia general para que encuentre el sueño y descanse profundamente, después una alta dosis concentrada de morfina, su proceso es pausado, primero, las articulaciones de su cuerpo dejarán de moverse, seguidamente de sus órganos, cuando los pulmones dejen de funcionar no podrá oxigenar su cuerpo y morirá ahogado, no muy agradable si eres consciente pero totalmente indoloro si te hayas en un sueño profundo. Su último sueño aun no habrá terminado ya que el cerebro sigue funcionando un breve tiempo donde soñará y dejará esta cama de hospital, a su familia y seres queridos y a esta vida ya agotada que ha tenido.

Me encuentro en la situación de narradora protagonista en primera persona ya que soy el eslabón causante de su fin, su misericordia y alivio, quien ha hecho real su último deseo. Puedo contaros cómo dejó este mundo con un gracias silencioso en los labios y cómo sus labios esbozaron una ligera sonrisa de alivio, una vez le inyecté el sedante. Mi paciente, como muchos otros, no solo me esperaba pacientemente, sino que me aclamó, avanzó mi llegada para que luego llegara su marcha; como era de esperar, sus seres queridos lloraron su muerte pero, no obstante, siguieron con sus vidas. A ellos también les llegará el final y ahí estaré yo para concederles más tiempo o ponerle punto y final a su vida.

Hay quienes me temen, sin embargo, otros me esperan, algunos me reconocen bajo este gélido pijama color azul hielo y pronuncian mi nombre; algunos, a ver mis ojos negros como la boca de un lobo, saben quién soy en lo más profundo de su ser, saben que no tienen elección, la decisión es mía y eso no se puede cambiar, hagan lo que hagan,
el trabajo es el trabajo, y yo, soy la parca.

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