viernes, 26 de abril de 2013

CÁMPING 'CAMPDEVÀNOL' VERANO 2012 DÍA 1

¡Por fin llega el gran día de nuestra aventura! Antes de salir de nuestra casa ya sabíamos que sería una experiencia inolvidable pero nuestras expectativas no podían estar más alejadas de la realidad, gratamente claro.

Quedamos a las 11:00 h de la mañana en la línea verde, L3, de la plaza Catalunya, enfrente del FNAC. Como siempre algunos tardones llegan tarde y hacen correr a los puntuales. Yo fui a buscar a mi amigo Félix a su casa para ir en el coche de mi padre, conducido por el mismo, hasta el punto de encuentro. LLegamos 20 minutos antes (la prepuntualidad emocioal que me provocó el evento) y aparcamos en doble fila en zona de descarga de camiones, todos sentados en el coche todavía. Entablamos una emocionante conversación cuando para sorpresa nuestra un señor chamaquito (sin despectivo) viene del camión de delante y pica en nuestra ventanilla. El buenaventurado hombre nos dice que está descargando y nos tenemos que ir, con lo cual, mi padre, benerado sea su espíritu de chofer, dice que es un borrego, un mandado y no nos moverán hasta que sea la hora de quedada.



Una vez estamos todos reunidos (uix, parece que recite la Bíblia) procedemos a comprar los billetes del tren de cercanías hasta nuestro destino, Campdevànol. Para sorpresa nuestra tuvimos que ir corriendo hasta la otra punta de la plaza Cataluña, sacando los higadillos por la boca y otros por diferentes orificos corporales cargados como burros para no perder nuestro tren, el cual salía en 15 minutos. Todo eso interrumpido por un estruendo en el pavimento del semáforo, me giré y era mi sartén made in Auchan (Alcampo), tuve que volver y recogerla cagando leches a coger el tren. Sí, la pifie atandola con una goma del pelo pero no habían muchas más opciones, creedme.

Una vez estamos en el tren y recuperamos la compostura pero no el aliento nos damos cuenta de que ese tren no llegaba a nuestro destino sinó a Ripoll. Tendríamos que haber caminado 17 km con la casa a cuestas de no haber sido por la amable revisora, nunca me alegré de ver tanto a una, la que nos aclaró que estábamos en el tren correcto y llegaba a nuestro destino.

Se nos ocurrió jugar a un juego de pasar la pinza (a casi todos se nos fue la pinza antes de emprender tan singular viaje, razón por la cual el juego carecía de sentido).

Empecé a sacar las pastillas que tenía que coger yo para el botiquín (médicamente muy bien preparados) cuando salió la broma de mi boca de que parecía la subasta del pastillero de Amy Winehouse).

Después de dos horas de arduo trayecto en tren y un casi no lo cuento de Natalia, es decir yo, al bajarse del tren (la mochila parecía pesar más que yo) nos disponemos a comer en unas mesas de picnic al lado de la estación.

Todos con fiambrera y yo con sobres de jamón de jabugo y bollos de pan recién horneados antes de salir de BCN. (Aclaración: se pueden decir bollos de pan o panecillos y sí, soy sibarita con la gastronomía hasta yéndome de cámping).

Al preparar mi bocadillo sin querer tiré mi cuchillo a una papelera y más tarde tuve que volver a buscarlo. Por cierto se me olvidó incluir en la lista del equipaje la fiambrera con cubiertos.

Iniciamos un corto camino, no sin pérdida, hasta un supermercado, probablemente el único del pueblo. La mente privilegiada de nuestros ''jefecillos expertos en acampada'' propuso ir cargados como desgraciados de comida + garrafa de agua de 8L además del peso inhumano de nuestro equipaje, sobretodo del mío.

Para retomar el aliento una vez haber perdido el peinado al ponernos la mochila sobre nuestro pobre hombros decidimos parar en Ca la Carmen, un bar/restaurante del pueblo donde nos refrescamos con agua fría en mi caso, y clarazos en el caso de los chicos.

Mi brillante mente se olvidó a mi sudadera en la silla donde me senté en el momento de parar a un chico, (autoestop) muy majo, por cierto, que se ofreció a llevarnos al cámping (según la maldita guía a 1 km).

Yo fui la maestra que hurdió la parada del coche y la imbécil que no subió cediendo asiento a mis compañeros más cabrones y desfavorecidos. Los muy cabrones no subieron todo el equipaje al coche y Abel, Arnau y yo nos chupamos una hora de fastuosa caminata de camino al cámping con nuestras mochilas y una tienda de campaña.

Cuando mis fuerzas fallaban (cada 30 segundos) decidimos parar muy continuadamente pero gracias a un milagro llamado pies con una bienvenida al cámping genial (nada más lejos de la reaidad) conseguimos hacer autoestop, otra vez yo, si tenía que esperar a que pararan los chicos ya podía morir en medio de la carretera. El conductor casi se nos muere al volante de un ataque de risa (estábamos a tan solo 200 metros del cámping cuando paramos el coche), igualmente nos levó y nos dejó en la oficina del cámping.

Mi buena fe (no religiosa) esperaba que mis compañeros, ya que habían ido en coche, no habían caminado nada y no llevaban la comida hubiesen montado una de las tiendas de campaña y nos ayudara a deshacer el equipaje.



La visión del infierno apareció frente a nuestros ojos al encontrarnos con una parcela vacía a excepción de 3 mochilas desperdigadas por el suelo y Félix y Carla yendo en bañador hacia la piscina. Mi cabreo fue tal que  monté yo sola una tienda (bueno, vale, con un poco de ayuda de los chicos) y no quería dejar entrar a los que no hubieran colaborado. Una vez montamos las tiendas fuimos a la piscina todos a bañarnos y a terminar una cansadísima tarde.

La cena fue un momento curioso ya que anocheció con apenas luz entre Pol y yo cocinamos unas croquetas (desmoronadas y hechas pelotas agrias y asquerosas por las torpes manos culinarias de Pol) conseguimos cenar algo. Hay que destacar que también hice un rissotto de Gallina Blanca (lo llevaba como reserva para situaciones como ésa) del cual comió o más bien degustó todo el mundo y pillamos una descomposición (causada por el agua) que nos hizo empezar una dura pérdida de peso en nuestros días de acampada. Nuestra idea era cenar y montar jolgorio (expresión de anciana lo sé, mejor decir 'partyhard').

La cruda realidad fue que tuvimos que cenar en el camino de piedras hecho para los coches debajo de la farola ya que no teníamos luz, sillas o mesa. Mientras tanto la pareja de mediana edad extranjera de al lado nuestro se montó una tienda cocina-comedor con la cual se nos caía la baba (o al menos a mí habría que ponerme un babero).

Nuestro momento de fiestón fue subsstituído por fregar los platos (los dejamos al aire libre y por la mañana estaban llenos de hormigas y objetos no identificados) e ir al lavabo el cual tenía un cartel en la puerta donde decía que cerraba a las 23:00 h. Pensamos que vaya mierda de cámping que te estás m....ndo encima y no puedes entrar. Lo cierto es que la última noche (sí, fui yo la que leyó el cartel al completo, no sé cómo lo consiguió mi pobre vista) y nos dimos cuenta (gracias a mi explicación y releída de los demás al cartel) de que cerraban la parte de lavar los platos a las 23:00 h y no el lavabo. Fue un momento muy gracioso aunque también penoso.

Llegó la hora de irnos a dormir debido a nuestro gran agotamiento donde nos jugamos los sitios en la tienda sacando cartas (el que tenga la carta más alta elige, me tocó el as a mí jejjeje). Carla y Félix durmieron en la tienda de dos (no son pareja) y en el siguiente orden dormimos los demás en la tienda grande (Arnau, Abel, Pol y yo). Lo mejor fue que se me pasó el sueño cuando nos acomodamos todos y me puse a hablar (creo que acabé hablando sola o con los organismos de la naturaleza, todos privilegiados por escuchar a una catalana tan molona como yo).

 Al cabo de muchas horas para mí, las suficientes, desperté a Pol porque ya era de día. Él todo presumido de ir a un cau (grupos que van de acampada) dijo que levantando la márfaga se vería si había luz o no y así saber que había amanecido. Una vez hizo eso llegó a la conclusión de que ya era de día y despertamos a toda nuestra tienda como pudimos (como nos dio la gana para empreñar más) de manera que abro la tienda para salir (había diluviado por la noche) y veo que todavía es de noche, razón por la cual decido callarme.
El muy avispado y marmota de Arnau decide mirar su ultramegareloj y se da cuenta de que eran las 3:15 h de la madrugada, razón por la cual él tenía tanto sueño, tanto que ni gritó, simplemente decidió que volviéramos a dormir. Y así fue, dije buenas noches tres veces y los ángeles se me llevaron entre las sábanas en un dulce y plácido sueño.


6 comentarios:

  1. 1- El risosto fue la 2a noche, 2- la tienda no la montamos porque Pol nos había dejado solos para irse a la piscina, y 3-Gracias por parar ese coche!! ;) You're the best!! xoxox

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  2. jajajjaj gracias xD después de casi un año mi memoria tiene lagunas difíciles de llenar and you ar the best too. Xo :)

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  3. jajajaj OMG me encanta jaja porque cuando lo leo lo leo con tu voz en mi cabeza Natalia y suena aun mas divertidoo jajajajaaja vale, me he motivado aqui.. jajaja pro es verdad! jajajaj

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