viernes, 3 de mayo de 2013

CÁMPING 'CAMPDEVÀNOL' VERANO 2012 DÍA 4

Todas las historias tienen un comienzo y un final. La historia de hoy es real, como todas las de este blog escrito con afán de 'memorándum' y 'entertainment'.

Una vez más durmimos Carla y yo en la tienda pequeña y los chicos en la otra. Lo bueno de dormir en casa es que no hay nadie a tu lado incordiando con los pies, que si ahora ronco, que si ahora hablo, que si  me levanto, que si estate quieta, la noche que pasé fue toda una delicia. No escuché a nadie ni hablar ni roncar, lo único que se escuchaba eran mis vértebras crujir cada vez que hacía un movimiento. Cuando me levanté por la mañana mis vértebras habían dejado de crujir, directamente se pusieron a llorar a lágrima batiente (háganse la idea de que las vértebras no lloran).

 Mi visión de recién levantada una vez salí de la tienda no fue gran cosa comparada con el follón que liamos Carla y yo para salir de susodicha. La cuestión es que necesitábamos llegar al baño corriendo (nos estábamos orinando encima, manera elegante para evitar la palabra m.....r) cuando nuestra sorpresa fue que en la cerradura de la tienda, en la mosquitera (las tiendas tienen dos cierres, el de la mosquitera y el impermeable) estaba preparada para darnos los buenos días una araña gigante de rayas, una monstruosidad (bien, teníamos los ojos entornados por el sueño y nuestras perspectivas de tamaño estaban distorsionadas, una vez más, por favor, hagan el favor de no mal pensar).

Félix, nuestro fiel amigo además de un gran cantante y bailarín, (esto último ironía) nos salvó de la diabólica araña (más si cabe que el segurata del campamento, ya es decir con la jodida araña) con sus pantuflas de campamento. Nos dispusimos viento en popa a toda vela para lo que iba a ser una fructífera mañana para unos más que para otros.

Esa mañana nos tocó a Carla, Félix y a mí ir a comprar al pueblo provisiones para subsistir hasta el momento de nuestra partida. Evidentemente, antes desayunamos y seguidamente nos dimos un par o tres de chapuzones (más que chapuzones fueron largos de buceo para evitar tragar agua innecesaria y sí, me he dado cuenta de que he repetido la palabra chapuzones, qué narices, chapuzones, chapuzones, chapuzones, chapuzones, chapuzones, chapuzones, ahora sí, me he quedado muy a gusto).
La fotografía adjunta es la piscina del cámping Pirinenc, donde estuvimos alojados.



Cuando emprendimos la marcha hacia el pueblo tuvimos que coger una mochila (la de Félix, previamente vaciada, la de Carla y mía parecía contener una vida entera, no sin antes discusión) y mi gorrito de pescar por supuesto no lo iba a dejar en manos de los chicos.

Si en un cámping vuestros compañeros os dicen llenad la cantimploras, creedme, llenadlas hasta que rebosen  a no ser que queráis morir deshidratados como casi nos sucede (bueno, quizás exagero pero un kilómetro caminando hacia el pueblo es una ardua tarea, bueno, nos llevó un chico amable en el coche pero igualmente la vuelta fue desesperante y encima íbamos cargados como burros).

La tarea de encontrar el único jodido supermercado existente a 20 km a la redonda parece estúpida y simple pero una vez eres tú el que lo busca (créanme, hubiese sido más fácil ver a un ángel que encontrar el supermercado a la primera) la cosa se pone chunga. Al entrar en el tan deseado supermercado por no mencionar fresquito y lleno a rebosar de comida por todas partes, iniciamos nuestra compra. Productos varios entre los cuales se encontraba una botella grande y fría de agua que bebimos como si no hubiera mañana (bajo el Sol de julio es un suplicio no tener agua al alcance).

Nos tocó regresar al cámping Pirinenc caminando, turnándonos con la mochila llena hasta reventar con nuestras provisiones. Cuando pasaron los segundos, minutos y me atrevería a decir hasta casi una hora llegamos al cáming (Carla debió llevar un petardo en el culo pues la marcha que llevaba no osaría emprenderla ni el mismísimo Correcaminos, tan rápida iba que Félix y yo íbamos caminando sobre el cemento en llamas ocasionado por su velocidad).

No fue otra la sensación al llegar que la alegría, el cansancio y un hambre atroz. Nos esperaban unos famélicos compañeros con sus estómagos a la par. Antes de hacer la comida nos dimos un bañito para refrescar nuestras definidas siluetas (definidas con michelines españoles cuyas medidas son 90-60-revienta).

 Ese día para comer hicimos unos riquísimos macarrones con salsa roquefort (imagínense ustedes en una cazuela grande y hermosa, 1,5 kg de macarrones, los que compramos más los que yo llevé en mi mochila por si las moscas rebosando macarrones). Digo que hicimos la comida porque Carla cocinaba, Arnau removía (no sean cochinos malpensados, removía la cazuela) y yo degustaba con unas cuantas carreras huyendo de los gritos de Carla para que no cogiera más (sí, hijos míos, sí, parecía mi madre reencarnada). Mientras unos cocinaban, los otros jugábamos a cartas en el coqueto porche del bungalow vacío que flanqueaba nuestra zona de tiendas de campaña (flanqueaba = estaba al lado).



La comida estuvo realmente exquisita y minutos más tardes llegó la tan esperada HORA DE LAS MÁRFAGAS. Queridos lectores, es tal la alegría que me aportáis cuando sabéis lo que es la hora de las márfagas que se me saltan las lágrimas frente a la pantalla de mi Toshiba. No es otro que el momento de dormir la siesta en nuestras esterillas de montaña (llamadas márfagas en catalán, nuestra querida lengua escolar y para algunos materna).

Ahora sí, pasaron los segundos, seguidos de minutos y finalmente seguidos por horas. Bajo los verdes pinos estábamos reposando nuestros llenos estómagos llenados hasta el fin (coño, qué poético me ha quedado).

Nos dimos otro baño en la piscina, esta vez uno detrás de otro, ya se notaba la época vacacional puesto que había bastante gente de carne y hueso. Al finalizar la tarde nos sentamos en la terraza del bar-restaurante del cámping y jugamos a cartas (el juego del cuadrado, muy común, consiste en jugar con una pareja teniendo un código secreto y joderle la jugada a los oponentes).

El momento de la cena fue bastante insulso ya que ninguno de nosotros teníamos demasiada hambre, no recuerdo bien la cena pero estuvo entretenida como todas las otras.

Finalmente, no sin antes rodar colina abajo jugando, llenarnos la chaqueta de olor a césped húmedo y reírnos a carcajadas sin parar, decidimos irnos a hacer nonitos (dormir para los más exigentes, este blog es para todos los niveles culturales con diferentes jergas legibles).

Aquí concluye una vez más nuestro cuarto día en el cámping Pirinenc seguido de una larga y estrellada noche.



2 comentarios:

  1. uouou primens en comentaar! (Y) jajajaaj
    este dia lo mejor fue la arañaa (xke tmbn me lo contasteis en persona y me parti) y la buena silueta española "definidas siluetas (definidas con michelines españoles cuyas medidas son 90-60-revienta)" hahahaha enserrio Natalia, escribes tal cual piensas y me encanta jajajaajaja<3

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  2. Quiero mas entregas!!! Es como una serie de TV de la qual eres fan y no tienes ganas de seguir viendo :D

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